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Avenida Retail

Soy un adicto al chocolate de     La Ibérica

29 de enero 2022

Tiempo de lectura: 2 minutos

Comer chocolate es uno de los mejores placeres de la vida, y es que nada se iguala sentir el sabor del dulce cacao, es como si de pronto todo estuviera mejor y los problemas y las complicaciones de la vida pasaran a un segundo plano. No sé si todos sentirán los mismo, pero para mí el chocolate es de esos inventos maravillosos que hacen  la vida  más feliz. Es cierto también soy adicto al chocolate ¿se nota no? Y de todas las marcas La Ibérica de Arequipa en Perú ha sido y es mi compañero de adicción más leal. Aquí mis confesiones:

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Debo reconocer que soy un adicto al chocolate y la realidad es que me gustan todos, los de leche, con frutas secas, chocolate negro, el  blanco, bombones, trufas y desde las marcas más populares hasta las mas sofisticadas. Soy tan feliz comiéndome un muy sencillo Sublime de D´Onofrio o unos muy sofisticados Godiva, y la verdad a este punto de mi vida me he convertido en un conocedor que debe pagar las consecuencias de su adicción en un gimnasio -con horas de eternas de cardio- para evitar que el dulce chocolate se instale para siempre en donde no debe estar.

Como ya dije me gustan todos, pero estaría mintiendo si no confieso que tengo mis favoritos. En la parte alta de la pirámide de mis preferencias están los suizos Lindt, en cualquiera de sus variadas opciones, los alemanes Ritter o los belgas Godiva, evidentemente me encantan. Ya más cerca a estos lados del mundo los Rapanui de Argentina son memorables o el galardonado Quetzalli elaborado en Tabasco-México y de aquí en el Perú, sin lugar a dudas los elaborados en Arequipa, que no son otros que los de La Ibérica, son desde mi humilde opinión y de lejos los mejores del país. 

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Conozco a La Ibérica desde niño, cuando mi mamá me regalaba una de esas cajas grandes con sabores surtidos una vez que me entregaban la libreta de notas en el colegio. Ver la caja y saber que era solo para mí era el mejor premio a largas horas dedicadas a hacer tareas y estudiar para los exámenes. Cada vez que recibía la caja - y debo reconocer que eran varias veces al año- iniciaba un ritual que me acompañaba hasta el día de hoy.

 

Me puedo imaginar que ustedes pensarán que me comía la caja de golpe casi atragantándome y terminada con la boca manchada de chocolate sentado satisfecho en un rincón de mi cuarto; pues todo lo contrario lo mío era con estrategia y muy bien pensado, la idea era extender el placer lo más lejos posible en el tiempo por lo que me comía un bombón por día, solo uno…y esto sucedía en la noche, que era el momento que con calma abría la caja y escogía el que más me llamaba la atención por su forma, sabor o por el color de la platina, recordando siempre las frase de la madre de Forrest Gump, "que la vida es como una caja de bombones y nunca sabes lo que te va a tocar".

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Comer un chocolate de La Ibérica al día fue un placer que me acompañó durante muchos años y me sigue acompañando hasta hoy, y continuo pensando que el sabor de ese chocolate peruano es algo que debe parecerse mucho a la felicidad plena..."y  quien no quiere ser feliz unos minutos en la noche".

Respecto del placer que da comer chocolate se han realizado estudios de todo tipo, y existe una homogeneida de criterios respecto de los beneficios de su consumo, como por ejemplo aumento de la endorfina (la hormona de la felicidad), sus poderes antioxidantes, dicen que previene el deterioro cognitivo, pero yo debo decir que en el sabor está todo y que ese placer temporal me hace sentir que sin importar que haya tenido un día fatal, el dulce sabor del cacao hace que me sienta inmediatamente mejor.

Evidentemente la marca ha tenido  que ver con el proceso de disfrute y eso por ejemplo La Ibérica lo sabe muy bien, no por nada vienen elaborando excelentes chocolates desde el hoy ya lejano 1909 cuando Juan Vidaurrázaga hijo de españoles radicados en Arequipa y que luego de estudiar una temporada en España decidió regresar “a su tierra a hacer patria” abriendo una pequeña fábrica para elaborar chocolate artesanal con técnicas europeas pero con el mejor cacao peruano. 

 

Viadaurrázaga estaba convencido que la excelencia del producto se garantizaba con la supervisión de cada uno de los pasos, y así en vez de comprar cacao ya procesado, decidió él mismo empezar a tostarlo, pelarlo y  molerlo. El resultado fue un producto excepcional, que poco a poco fue conquistando los paladares de los muy exigentes "Characatos" que  convirtieron rápidamente a la marca en favorita.

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El pequeño taller creció y se vieron obligados a trasladarse la casa que ocuparon por más de 60 años, antes de mudarse a la zona industrial de Arequipa. En esta casona  se gestó el desarrollo de toda la variedad de productos con los que La Ibérica cuenta, donde no solo destaca el chocolate sino el maravilloso mazapán realizado de manera artesanal con almendras y huevo o los toffees, todo un placer para otro tipo de adictos...y conozco algunos que desafortunadamente sucumben frente al mazapán

Durante muchos años La Ibérica solo tenía tiendas en Arequipa, y era muy común encargar los chocolates a amigos o conocidos que visitaban "La Ciudad Blanca", pero la gerencia a inicios del nuevo milenio decidió que la marca estaba lista para dejar el sur y conquistar el país con un reconocimiento de marca ganado a punta de esfuerzo durante muchos años producto de la mejor publicidad que existe "la de boca a boca".

Hoy La Ibérica tiene más de 30 tiendas a nivel nacional y se le puede encontrar en los mejores Centros Comerciales del país…y como es de suponer la respuesta fue exactamente igual a cuando Juan Vidaurrázaga decidió lanzar la marca en Arequipa hace más de un siglo. Los peruanos han convertido a La Ibérica en un “love mark” un sinónimo de todo lo que el empuje y la pasión de los arequipeños pueden hacer con un pequeño emprendimiento hasta convertirlo en una empresa con proyección internacional.

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Volviendo a mi adicción es evidente que La Ibérica ha sido y será pieza clave y como se tratara del mejor de los  “dealers” de sustancias  psicotrópicas, paso a comprarles religiosamente una de las cajas grandes, surtido que me dura casi dos meses y que me sigo comiendo con ese ritual lento pero muy placentero que desde niño implementé como la formula perfecta para sentirme más feliz a pesar de lo complicado que puedan ser las cosas...vale la pena...y como decía Amy Winehouse (1983-2011)   "They tried to make me go to rehab...But I said: No, no, no".

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