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Martes  25  de julio del 2017

Por: Redacción Avenida Retail

El carrito del supermercado no nos causa ninguna sorpresa ni admiración; está ahí desde siempre y es parte de nuestra forma de comprar desde que nos acordamos; pero lo cierto es que detrás del humilde y hoy nada novedoso carrito del super mercado hay toda una historia que  merece ser contada.

 

En épocas que hoy parecen sacadas de la película Jurassic Park, los clientes en las tiendas de abarrotes o primitivos supermercados tenían que comprar con las limitaciones de sólo poder cargar lo que realmente pudieran llevar utilizando la única herramienta con la que se contaba en ese momento; los dos brazos. Esto cambió radicalmente cuando en 1937 el propietario de la cadena de supermercados Humpty Dumpty en Oklahoma tuvo una revelación que se tradujo en una idea genial; crear una canasta de compras mucho más grande que las manuales y ponerle ruedas a fin de que los clientes pudieran comprar más y mejor.

 

Sylvan Goldman inventor del carrito del supermercado cambió para siempre la manera como compramos, a través de una idea que hoy cualquiera de ustedes pensará que no tiene nada de novedosa; pero que puede ser definida como el invento más importante en el mundo del retail.

 

Como todo invento nuevo la idea no fue aceptada de inmediato y tuvo muchísima resistencia. Los hombres consideraban que perdían masculinidad al ser vistos empujando un carrito con ruedas en vez de cargar incómodamente varias bolsas como todo un “macho proveedor” y las mujeres relacionaban el empujar el carrito de compras con empujar los coches de sus bebes y de eso ya estaban cansadas. Parecía el fin de un invento que hoy sólo nos soluciona problemas. Los paradigmas de la época convirtieron al carrito del supermercado en la mente de los hombres en lo más parecido a un símbolo gay mucho antes que la bandera con el arco iris existiera y para las mujeres era un monumento a su rol de ama casa sumisa y abnegada.

Sylvan Goldman no se dio por vencido; creía en su idea y estaba dispuesto a derrotar los viejos convencionalismos. Así pues decidió darle al carrito del supermercado la esencia de algo fuera de este mundo; “es lo novedoso” “es sensacional” “ya no tiene que cargar” decían los  anuncios del supermercado respecto de este novedoso artefacto. ¿Puedes imaginar recorrer los pasillos de un espacioso supermercado sin la molestia de cargar una incomoda canasta de mano? señalaba otro aviso. Pero la resistencia a usarlo era enorme. Las amas de casa manifestaban que no estaban de acuerdo a que hasta en el día de las compras tuvieran que empujar carritos; que eso lo hacían todos los días y los hombres se sentían ofendidos por el hecho que el carrito les recordaba que no eran suficientemente fuertes para cargar las compras de la casa y por ende no tenían la fuerza para ser los amos y señores de sus casas. ¿Se imaginan lo absurdo de las objeciones?

 

Goldman no se iba a quedar con los brazos cruzados y aceptar mansamente que su idea había fracasado por lo que contrató a hombres y mujeres para que empujaran los carritos haciendo creer que estaban comprado. La estrategia funcionó y los carritos empezaron a ser utilizados. Tanto fue el éxito que otras cadenas empezaron a solicitar a Goldman les vendiera los carritos.

 

¿Pero cómo Goldman llegó a la idea? Pues la historia del carrito fue producto de observación y el deseo de satisfacer las necesidades de sus clientes. Durante mucho tiempo Goldman había entrenado a su personal para estar atentos cuando algún cliente tuviera la canastilla repleta. Se les cambiaba inmediatamente por una vacía y la llena se llevaba a línea de cajas. Pero esta era una solución temporal que no resolvía el problema. La idea finalmente llegó de una silla de madera plegable, de esas que tienen lona; las típicas de la playa. Goldman pensó que si a esa silla les ponía ruedas y dos canastillas podría lograr un objeto que permitiera a la gente comprar sin cargar. La idea evolucionó a lo que Goldman llamó: “Carrito plegable de compras”. Una idea que logró patentar y lo convirtió en millonario.

 

El carrito de Goldman fue el punto de partida del carrito que hoy conocemos; y a su creatividad innovación y deseo de servicio debemos un objeto que nos hace más fácil comprar, pero principalmente comprar más.

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