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El edificio Giacoletti: trágico destino

24 de agosto 2021

El edificio Giacoletti fue una de las joyas de la arquitectura Art Nouveau de principios del Siglo XX  de la ciudad de Lima; su desarrollo se debe a Pedro Giacoletti, inmigrante italiano y el diseño a los arquitectos Masperi. Durante más de 100 años el edificio estuvo ahí como mudo testigo de la historia de una ciudad y de un país,  pero desafortunadamente durante la madrugada del 28 de octubre del 2018 un incendio acabó con un símbolo. Hoy el edificio busca una segunda oportunidad. Conozca la historia

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En 1914, los hermanos y arquitectos italianos, Rinaldo, Guido y Antonio Masperi vieron materializado el edificio de cuatro pisos que empezaron a diseñar en 1911; una estructura de estilo Art Nouveau que fue bautizado como el Giacoletti, en honor a Pedro Giacoletti, inmigrante italiano y promotor de la obra, ubicado en la esquina de la calle Nicolás de Piérola y el Jirón Quilca a pocos pasos del Teatro Colón, en el centro de la ciudad de Lima, en una época en que las calles no estaban ni asfaltadas.

 

Ni bien el edificio fue inaugurado, el propietario abrió en el local del primer piso una bodega con el nombre de Giacoletti destinada a comercializar productos importados y poco a poco el local fue ganando una nutrida clientela que llegaba buscando vinos, licores, cervezas, galletas, pastas, confites, caramelos, cajas de fantasía con dulces, chocolates, frutas frescas de California, quesos, mantequilla, entre otras delicias. Adicionalmente Giacoletti también era una cafetería en la que se ponía a disposición de los clientes el mejor café de Chanchamayo, y una selección de té importado de Inglaterra acompañado de una variedad muy amplia de pasteles, bizcochos y galletas. Giacoletti se convirtió en el lugar más popular de la Lima de inicios del Siglo XX, las limeñas acudían a hacer compras en la mañana y en la tarde enfundadas en apretados corsets -que a la vez estilizaban y torturaban la figura-, largas faldas y sombreros gigantesos, llegaban a Giacoletti para conversar, dejarse ver y ser vistas; eran las postrimerías de la “Belle Epoque” y Lima lo vivía con intensidad. 

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En 1921 la Plaza San Martín fue remodelada con motivo de la celebración del bicentenario de la independencia del Perú, y esto cambió el entorno del edificio Giacoletti en su totalidad: se pavimentaron las Av. Nicolás de Piérola, el Jirón de la Unión, el Jirón Carabaya, y el Jirón Ocoña, que antes eran de tierra aplanada y en 1924 se inaugura el Hotel Bolívar -el más exclusivo de la ciudad- cruzando la calle; todo esto contribuyó a que la cafetería se volviera un lugar más popular aún, todo parecía sonreírle a Pedro Giacoletti que veía con optimismo el futuro, pero desafortunadamente en 1926, muere producto de un infarto y la familia desconsolada que no tenía interés en manejar el negocio, decide retornar a Italia y vende tanto el edificio como el negocio a uno de los maestros panaderos y hombre de confianza de  Giacoletti: Juan Romano, -también italiano- que decide convertir la bodega y cafetería en una panadería, y como primera estrategia le cambia de nombre; así surge Romano, que con los años se convirtió en una de las más importantes panaderías y confiterías de Lima

 

Durante más de cuatro décadas, Romano se dedicó a ofrecer una variedad interminable de panes y pasteles y ni hablar del panetón durante Navidad, las largas colas en diciembre eran un clásico de la panadería; cuentan las abuelas que las colas en la Av. Nicolás de Piérola eran de más de una cuadra, y es que los limeños han sido siempre así, descubren la calidad de un producto y lo vuelven famoso. Otra de las razones por las que la panadería Romano adquirió prestigio fue porque fueron los primeros en Lima en vender durante diciembre pavos horneados, -evitando tener que emborrachar y matar al ave en casa, ya que por esa época no existía nada parecido Avícola San Fernando-; de una u otra manera Romano se encargó de popularizar el consumo de esta ave en Navidad.

 

La panadería Romano estuvo allí en la esquina de Quilca con Nicolás de Piérola como mudo testigo de cuatro décadas de historia, y desde sus 284m2 de tienda vio pasar casi 10 presidentes, muchos de los cuales llegaron al poder a través de golpes de estado y otros por elecciones democráticas ¿les resulta familiar esto?

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Para finales de los sesenta y durante primer gobierno de Fernando Belaúnde, los descendientes de Juan Romano decidieron que ya era suficiente y la panadería cerró sus puertas, justo días antes que el General Velasco diera su fatídico golpe de estado el 3 de octubre de 1968. El local permaneció cerrado un par de años pero las oficinas de los tres pisos superiores se mantuvieron operando, como concurridas agencias de turismo, o aerolíneas; ya que por esa época la Av. Nicolás de Piérola era el lugar predilecto para comprar pasajes, esto debido a que en la zona operaban los dos principales hoteles de la ciudad, el Hotel Bolívar y el Hotel Crillón.

 

El local de la panadería Romano estuvo cerrado un par de años, pero en 1970 el restaurante de parrilladas El Cortijo que ya venía operando en el distrito de Surco desde 1957 (en los terrenos de lo que actualmente es el Plaza Vea Cortijo en la Av. República de Panamá), decidieron abrir una sucursal con el fin de atender a ejecutivos de las muchas empresas que en esa época operaban en el centro de Lima, y como era de suponer las cosas empezaron a caminar, pero al año de la inauguración un incendio casi destruye el local, pero sin comprometer el edificio; El Cortijo aprovecha el siniestro y continua operando por casi diez años, pero a finales de la década decide cerrar sus puertas ya que las oficinas empezaron a dejar el centro para mudarse a San Isidro y Miraflores, principalmente después de los disturbios por la huelga de policías de febrero de 1975, que causaron un gigantesco incendio en el Jirón de la Unión y calles aledañas.  

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Uno de los mozos del restaurant El Cortijo decide tomar la posta y abre en 1980 el restaurant Parrilladas San Martín, que no era tan elegante, pero se ajustaba a la demanda de la clientela de la zona. Parrilladas San Martín operó casi por dos décadas, pero los últimos años de  operación fueron muy complicados, la Plaza San Martín durante los noventa se había convertido en una zona insegura, el otrora glamoroso Teatro Colón era un cine rojo y Quilca fue invadido de bares de cuestionada clientela por llamarlo de alguna manera, así en 1996 Parrilladas San Martín cierra sus para siempre, pero lo que es el fin para unos es la oportunidad para otros.

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La gestión del Alcalde Alberto Andrade (1943-2009) trajo nuevamente el orden al centro de la ciudad y nuevamente muchas marcas vuelven a mirar las calles del "damero de Pizarro" con interés, y así llega en el año 2000 al edificio Giacoletti la pollería Roky´s, que con sus luces verdes de neón , sus maceteros con plantas de plástico y sus pollos a la brasa dorados y miles de papas crujientes rápidamente se hizo de una clientela fiel. 

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Así pasaron casi veinte años, donde Roky´s se convirtió en un clásico de la Plaza San Martín, parecía que siempre había estado allí, bueno parecía porque  la madrugada del 28 de octubre del 2018, unas de las chimeneas en el segundo piso de la pollería inició un incendio que no pudo ser contenido.

Los clientes y trabajadores fueron los primeros en percatarse de la presencia de las llamas y evacuaron inmediatamente entre gritos de desesperación. En los pisos superiores donde funcionaba un Hostal, el personal se dedicaba a tocar rápidamente las puertas de todas las habitaciones para evacuar a los huéspedes, entre ellos una delegación de niños deportistas, quienes tuvieron que dejar sus maletas para salir corriendo. Uno de los menores fue llevado en una ambulancia por inhalación de humo. También un bombero tuvo una herida leve, luego de que un pedazo de madera encendida le cayera en el rostro. No hubo pérdidas humanas, pero del glamoroso edificio Giacoletti no quedó nada, el incendio trajo a bajo las estructuras y sólo sobrevivieron algunas paredes.

 

Hoy a casi tres años del incendio el edificio continua en estado ruinoso esperando su remodelación o demolición definitiva, pero las cosas no han podido avanzar por trabas burocráticas y problemas de dinero. Actualmente del edificio solo queda la parte exterior. 

 

Resulta muy triste que unos de los edificios con más historia de la Plaza San Martín haya tenido un final tan triste; ojalá que alguna autoridad se interese realmente en rescatar esta joya parte patrimonio de la ciudad de Lima.

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