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La fantástica corona de la reina Isabel II

11 de septiembre de 2022

Tiempo de lectura: 3 minutos

La corona de la reina Isabel II y ahora del recientemente proclamado rey Carlos III, es una pieza espectacular de joyería, y a la vez un símbolo del poder y majestuosidad de la monarquía más importante e influyente del planeta. Resulta fascinante conocer un poco más de un objeto que se usa realmente pocas veces, pero que cada vez que aparece es el foco de todas las miradas. Sino conocía la historia, pues ahora es el momento: 

 

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El jueves 8 de septiembre el mundo se paralizó al enterarse que una de las mujeres que ayudó a forjar la esencia del siglo XX, y que inspiró a millones debido al compromiso que siempre tuvo para con el cargo que por herencia le tocó desempeñar por 70 años, 7 meses y 2 días, había partido para siempre.

 

Nos referimos evidentemente a la reina Isabel II de Gran Bretaña (1926-2022), que murió apaciblemente en el castillo de Balmoral en Escocia, el perfecto lugar cada vez que la monarca quería desconectarse de las obligaciones generadas por el peso de la corona, una corona que no solo representa un cargo, pero que es también una pieza de joyería impresionante que simboliza todo el poder que por derecho divino ostenta la persona que la lleva en la cabeza, y que no solo es pesada por la cantidad de joyas con las que está elaborada, pero también por la gran responsabilidad que genera para quién la utiliza.

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La corona que hasta el jueves pasado pertenecía a la reina Isabel II, y que lució en la cabeza en ocasiones específicas, -como por ejemplo la inauguración del Parlamento cada año-, es conocida con el nombre de San Eduardo o Corona Imperial y es magnífica en todo la extensión de la palabra. Pesa aproximadamente unos dos kilos, mide 31,5 centímetros de alto y está fabricada a partir de una estructura de oro, engastada con 2868 diamantes, 269 perlas, 17 zafiros, 11 esmeraldas y cuatro rubíes. Tiene una base de armiño y un relleno de terciopelo color púrpura, el color de los reyes.

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Definitivamente la característica que más resalta en la corona es el zafiro de San Eduardo, una piedra que lleva el nombre del rey anglosajón Eduardo El Confesor (1003-1066), que la colocó inicialmente en un anillo con motivo de su coronación en el año 1042 y que es una piedra preciosa octogonal de color azul y que se trata de una de las piedras preciosas más antiguas que existen. La gema se mantuvo en la Casa Real durante siglos, sin embargo desapareció durante el gobierno de Oliver Cromwell (1599-1658). El zafiro fue encontrado nuevamente bajo el reinado de Carlos II (1630-1685),  y tallado con la forma que tiene en la actualidad. Durante el reinado de la legendaria reina Victoria (1819-1901) la piedra fue colocada en el centro de la cruz que la Corona Imperial tiene en la parte superior.

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Además del zafiro, en la parte media de la corona está incrustado el rubí al que se le conoce como Príncipe Negro, que en realidad no es un rubí sino una espinela, piedra similar que tiene un brillo espectacular. No hay claridad respecto de su origen y se especula llegó a Europa desde Birmania o Tailandia a través de la Ruta de la Seda, siendo adquirido para formar parte del tesoro del reino nazarí de Granada en España.

 

La piedra llega a territorio inglés durante la primera mitad del siglo XIV, cuando Pedro I de Castilla (1334-1369), entra en guerra contra su hermano Enrique de Trastámara (1334-1379)  y viaja a Inglaterra a pedirle ayuda a Eduardo de Woodstock (1330-1376), en ese momento príncipe de Gales; y heredero a la corona de Inglaterra, cuya armadura era de color negro. Ya se podrán imaginar con qué pagó la ayuda inglesa el rey de Castilla.

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No se queda atrás el diamante Koh-i-Nûr, ubicado en la base de la corona y que rivaliza en magnificencia con el zafiro y el rubí. Tiene 105,6 quilates y se sabe que fue mucho más grande, pero fue cortado en 1852 para mejorar su brillo y adaptarse a los gustos de la reina Victoria. Esta piedra es considerada uno de los diamantes más famosos del mundo y su origen son las minas de Golconda en la India

 

El diamante tuvo muchos dueños antes de llegar a manos de la corona británica, lo que finalmente sucedió tras el final de las Guerras Anglo-Sikh en el Punjab-1846; y siempre se ha dicho que si lo porta un hombre le traerá desgracias. Veremos si es cierto porque Carlos III lo tendrá que utilizar. Desde aquí le recomendamos un baño de florecimiento.

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Pero volvamos a la corona que hoy conocemos. Fue elaborada para la coronación del rey Carlos II-1651, ya que la original realizada en el siglo XIII con motivo del traslado de los restos de Eduardo el Confesor, ​ fue destruida durante el periodo de la Mancomunidad de Inglaterra. 

 

A través de los años la actual corona ha sufrido cambios y adaptaciones. La última se realizó para la coronación del rey Jorge VI en 1937  y es la misma que utilizó por 70 años la reina Isabel II y que será la que llevará en su “real cabeza” Carlos III. La corona y las joyas que la componen nuncan han sido tasadas, pero se calcula que el valor puede rondar los $5 millones de dólares.

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La última vez que la reina la utilizó fue en mayo del 2021 -antes de la muerte de su esposo el príncipe Felipe (1921-2021)-, para la Apertura del Parlamento. Este año y por motivos de salud, la reina Isabel II no pudo asistir a este importante evento, pero la Corona Imperial si estuvo presente, reposando sobre un cojín rojo con bordados dorados. Ese día, el príncipe Carlos ocupó simbólicamente el lugar de la reina en la Abadía de Westminster

 

La Corona Imperial es custodiada en la Torre de Londres, donde se encuentra en permanente exhibición, pero cada vez que la reina ha requerido de ella, cuenta con su propio carruaje y personal de seguridad para desplazarse hasta la Abadía de Westminster. Solo tres personas pueden tocarla: durante los últimos 70 años la hoy difunta reina Isabel, a partir de hoy el rey Carlos III,  el arzobispo de Canterbury y el joyero de la corona.

 

Si está de pasada por Londres le recomendamos un paseo por la Torre de Londres, la casa de la Corona Imperial. Por £29.90 podrá apreciar el símbolo más importante que la monarquía tiene.

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