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Avenida Retail

La tienda más embrujada de Lima

23 de octubre 2021

Tiempo de lectura: 3 minutos

Desde que me acuerdo siempre supe que el segundo piso de la Casa Matusita en la Av. Wilson estaba embrujado... ¿Quién me lo contó? Pues la verdad no lo puedo precisar…pero cada vez que pasaba por allí miraba con recelo las ventanas abiertas  de un segundo piso tétrico y descuidado. Lo único cierto es que la Casa Matusita se convirtió con el paso de los años en una de las mejores leyendas urbanas de la ciudad de Lima y aquí se lo contamos:

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De la Casa Matusita se han escrito kilos de papel…unos afirmando lo que dice la leyenda, es decir que la casa está embrujada y otros afirmando con toda seguridad que se trata de un engaño y algunos más audaces señalando que la historia es parte de una muy bien montada teoría de la conspiración…pero más allá de las versiones a favor o en contra, la Casa Matusita es la más conocida y publicitada casa embrujada de Lima.  

 

Si no sabe nada de la Casa Matusita o lo que queda de ella empezaremos contándole que estaba ubicada en el #1390 de la Avenida Inca Garcilazo de la Vega, más conocida como Av. Wilson, en la esquina con la Av. España…En ese lugar en el primer piso operó desde la década de los cincuenta una ferretería con el mismo nombre que estuvo allí hasta los primeros años del nuevo milenio. Las historias de espíritus y fantasmas se referían no a la ferretería sino al segundo piso que durante décadas estuvo vacío, como si no fuera parte del negocio, con las ventanas abiertas, como una advertencia de nunca entrar allí.

 

Pero la historia de la Casa Matusita inicia mucho antes que en este lugar operara una ferretería…en tiempos anteriores a su construcción y según se puede comprobar por crónicas y mapas de la época, toda la zona de la Av. Wilson y sus alrededores eran un centro religioso de la Lima prehispánica y durante la colonia fue el punto exacto donde estaba construida la muralla que rodeaba la ciudad, que era una barrera de seguridad, pero también para separar a los ciudadanos de ascendencia española respecto de los indios y esclavos que vivían fuera de las murallas.   

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No se tiene muy claro cuando se derribó la muralla y cuando esa zona empezó a ser tomada por una Lima que no paraba de crecer, pero existe una versión que la primera propietaria fue una mujer europea de ascendencia persa llamada Parvaneh Dervaspa, quien llegó a Lima en 1735 y que después de algunos años fue acusada por la Santa Inquisición como bruja y practicante de hechicería. La realidad es que Parvaneh se dedicaba a realizar curaciones con hierbas y practicar lo que hoy se llama "medicina alternativa", pero que en el Siglo XVIII era considerado como brujería…por lo que fue apresada con violencia para luego torturarla salvajemente para que confesara que era una bruja…finalmente Parvaneh en medio del dolor gritó que si era una bruja y adoraba al demonio, y que sus artes curativas provenían de un pacto con “el maligno”…con lo cual luego de la “confesión voluntaria” se llevó a cabo el famoso Auto de Fe donde fue sentenciada a morir quemada en la hoguera. 

 

Así era de absurda la llamada Santa Inquisición -que de santa nada tenía- ya que si se sospechaba que una persona era hechicero o hechicera con torturas lo obligaban a confesar, y en la mayoría de los casos la confesión positiva era la manera de liberarse del dolor…pero oh sorpresa si confesabas la hoguera te esperaba…y esto es lo que le pasó a Parvaneh, fue quemada viva y cuenta la leyenda que mientras ardía lanzó una maldición contra todos los que se atrevieran a vivir en su casa, ya que se dice que la denuncia ante la Santa Inquisición surgió como una venganza de vecinos que deseaban quedarse con su propiedad. 

 

A partir de este suceso las personas miraban con recelo el hecho de pretender vivir en la antigua casa de Parvaneh y así surge la leyenda que de tanto repetirla y contarla se convirtió en una realidad indubitable "la casa de Parvaneh estaba embrujada", pero lo cierto es que según el libro Historia del Tribunal de la Santa Inquisición de Lima: 1569-1820, Tomo II, Capítulo XXIV: la última mujer en ser condenada a la hoguera fue "María Francisca Ana de Castro, alias la madama Castro, natural de Toledo, vecina de Lima, de cincuenta años", en el año de 1736 y después de esa fecha no hay datos de ninguna mujer que haya sido quemada en la hoguera por herejía o brujería…y menos de ningún registro de nadie llamado Parvaneh, pero como suele suceder siempre la leyenda superó a la realidad y la maldición de esta bruja quedó impregnada para siempre en la esquina de la Av. Wilson y la Av. España.

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Después de la ejecución de la primera propietaria, la casa queda abandonada por casi un siglo y la propiedad  en ruinas, hasta que en el año 1873 una familia de inmigrantes japoneses deciden comprar el terreno y reconstruir la propiedad, pero luego de unos años de vivir pacíficamente en una noche de locura el padre, debido a celos enfermizos, mata a su esposa, a toda su familia y luego se suicida…si la historia de la bruja no era suficiente pues ahora un crimen espantoso teñía de sangre la famosa esquina. 

 

Esta versión es discutible ya que los registros de los primeros inmigrantes japoneses en llegar al Perú datan de 1899 y no antes; y no existen registros policíacos que algo así hubiera sucedido…pero esto poco importaba al momento de construir una leyenda ya que las personas contaban con precisión de detalles como el japonés había llegado a casa y al encontrar a su mujer en la cama junto a su amante, agarró un cuchillo los descuartizó y regó los miembros por cada rincón de la casa. Cuando llegaron sus hijos y vieron la espeluznante escena, el padre también decidió matarlos, trastornado por lo que acababa de hacer decidió acabar con su propia vida.

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Otra historia cuenta que frente a donde está la Casa Matusita fue construida en 1860 la cárcel de Lima, llamada El Panóptico, -donde hoy está el Centro Comercial Real Plaza- y que el local de la famosa ferretería fue utilizado por muchos años para realizar interrogatorios a delincuentes comunes y que muchos de ellos murieron en este lugar y sus almas se quedaron allí atrapadas. Más allá de las historias de fantasmas, esta versión podría ser la más creíble ya que efectivamente la cárcel estuvo allí durante un siglo y no tendría nada de particular que construcciones cercanas hayan sido utilizadas como soporte para la cárcel.

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Lo que si se puede comprobar fehacientemente es que en 1925  la casa fue comprada por la familia Andrade Fernández y cuya única descendiente Lidia Andrade Fernández en algún momento concedió una entrevista a la revista Etiqueta Negra que en su número 73 señaló: “La propietaria de la casa es una mujer de noventa y seis años, que goza de buena memoria. Se llama Lidia Andrade Fernández viuda de Thierry, y recuerda con cariño todos los años de felicidad que pasó en el segundo piso con sus cuatro hermanos y sus padres. Ellos compraron la casa en 1925. Andrade vivió allí desde los doce años. Recuerda muy bien los detalles: los techos eran «altos y las cornisas hermosamente talladas»; había dos salas, un comedor, el «escritorio de papá» y un «balcón redondo en la esquina de la casa y que hoy ya no existe. Un balcón único en el que a mí me encantaba estar, porque desde ahí veía las dos calles». La señora Andrade sólo tiene recuerdos gratos y se enoja cuando alguien menciona los fantasmas. La única persona que falleció en esa vivienda –recuerda en la casa donde ahora vive, en un barrio residencial de Lima– fue su padre, un hombre tan «amado por el pueblo» que el propio presidente Augusto B. Leguía le llamaba "El Presidentón". Murió de una muerte natural. Su esposa quiso evitar los recuerdos dolorosos y por eso, al enviudar, a mediados del siglo pasado, se marchó de la casa con sus hijos. Ésa fue la única sombra auténtica sobre el predio familiar. Una historia como la de cualquier familia, libre de grandes misterios.” 

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A inicios de la década de los cincuenta la casa de la familia Andrade fue alquilada para abrir una ferreteria con el nombre que ayudaría a crear la leyenda: Matusita…durante más de 50 años la ferretería solo operó en el primer nivel y el segundo por extrañas razones nunca fue ocupado…es más fue totalmente abandonado y los accesos tapiados…y es que los propietarios del negocio comentaban que tomaron la decisión debido a la cantidad de veces que los empleados del negocio bajaban aterrados de la planta superior contando historias que hacían referencia a gritos, ruidos y extrañas presencias…así se decidió nunca más utilizarlo, y esto era más que evidente ya que se podía ver desde el exterior en el primer piso la ferretería muy bien instalada, pero en en el segundo piso una propiedad descuidada y abandonada, siempre con las ventanas abiertas. 

Además de las historias de fantasmas también se habló que todo era un montaje realizado por la CIA y la Embajada de Estados Unidos que durante años operó en el edificio del frente -donde hoy opera una clínica- y que por cuestiones de seguridad preferían que el segundo piso estuviera desocupado.

Tanta fama tuvo la leyenda que a finales de la década de los setenta el conductor argentino Humberto Vílchez Vera conductor del programa de televisión "Los fantasmas se divierten", apostó a que era capaz de permanecer 7 días en el segundo piso del edificio. Al parecer Vílchez Vera abandonó el lugar a las dos horas y tuvo que ser ingresado en un manicomio durante un año, tras lo cual desapareció de la televisión para siempre. Años más tarde, en su libro "El cazador de fantasmas", el conductor desmintió la leyenda urbana diciendo que nunca sucedieron tales hechos, y lo único que buscaba era subir la audiencia de su espacio televisivo, pero lo curioso es que después de su experiencia en la Casa Matusita el conductor salió de la televisión peruana para siempre, no nos consta si estuvo en una casa de reposo…pero algo sucedió…y no creemos en la versión que nunca visitó la casa.

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La Casa Matusita cerró sus puertas para siempre en el 2005 y la primera planta fue tomada por un banco local – Mi Banco –, que  operó en la famosa esquina hasta el 2015  cuando la Municipalidad de Lima declaró que la casa era un peligro. El dueño, don Ladislao Thierry Tiry, y el banco acordaron restaurar el primer nivel y demoler el mítico segundo piso, pero la obra fue paralizada porque los obreros no tenían implementos de seguridad y se invadía la vía pública sin permiso, y es que al final resulta más tenebrosa la burocracia que cualquier fantasma.

 

La leyenda que recae sobre el antiguo local de la Casa Matusita ha sido tan poderosa que en el 2014 se realizó la película el “Secreto Matusita”  una película de terror dirigida por Dorian Fernández-Moris, basada en la historia de terror que rodea a la casa.

 

Lo único que nos queda claro es que las leyendas urbanas son parte de nuestra cultura e identidad, hacen de nuestro entorno un lugar vivo y aunque la leyenda pueda ser totalmente rebatida las vivimos de forma más intensa que la realidad.  

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