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Coquito, un niño de 67 años

21 de marzo 2022

Tiempo de lectura: 2 minutos

Coquito significa en la memoria de millones de niños mucho más que solo un nombre, representa el imborrable recuerdo del título del libro con el cual aprendieron a leer y difícilmente algo así se puede olvidar. Lo cierto es que Coquito no apareció de la nada y detrás de él se esconde un entrañable personaje que como si se tratara de Gepetto, fue quién le dio vida y lo convirtió en el más leal compañero de nuestros primeros años escolares. Aquí la historia:

 

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Hace unos días andaba de compras por un supermercado cercano a mi casa y me percaté que habían instalado una muy amplia sección de útiles escolares, caí en cuenta que el año escolar estaba comenzando, uno particularmente especial debido a que desde hace dos años los niños no han podido asistir a clases de manera presencial, y fueron condenados a conectarse a clases través de impersonales computadoras por razones ampliamente conocidas y que prefiero no mencionar.

 

No pude resistir la tentación de recorrer las góndolas repletas de lapiceros, plumones, borradores, y cuadernos, y fue imposible no trasladarme mentalmente a mis años escolares y concluir “que los tiempos definitivamente han cambiado”; y es que la variedad de útiles que hoy se ponen a disposición de los escolares es inmensa en comparación a las que nosotros tuvimos y es todo un placer comprar la lista de útiles,  bueno un placer si tienes el presupuesto, porque esta maravillosa variedad tiene costos exorbitantes que ponen en aprietos a muy preocupados padres que se las ven verdes para mandar a sus “retoños” al colegio.

 

En esas “elucubraciones filosóficas andaba” cuando de pronto me percaté de una exhibición no muy grande donde había una amplia selección de libros con el título de Coquito y como si se tratara de una revelación pensé: “hay cosas que nunca cambian”

 

Regrese a mi casa pensando en Coquito y lo que representaba en la vida de muchos de nosotros y si bien tenía clarísimo quién era el personaje, nunca me pregunté quién estaba detrás. Coquito es una de esas cosas que uno imagina aparecieron casi por emisión espontánea y parece que siempre estuvieron allí, pero lo realmente cierto es que detrás de este muy popular libro se encuentra un personaje definitivamente entrañable. 

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Coquito es el libro que han utilizado millones de niños en muchos países de Latinoamérica para aprender a leer, su nombre es todo un clásico y son pocos los que no saben quién es y de que va; pero detrás del personaje y el libro se esconde una historia de dedicación, trabajo y pasión, cuyo protagonista es el arequipeño Everardo Zapata Santillana-1926, una especie de Geppetto, que de la nada y como consecuencia de una necesidad le dio vida a este Pinocchio de las letras llamado Coquito

 

Everardo nació en en Cocachacra un pueblito al sur del Perú, donde por esa época vivían menos de mil personas y literalmente no pasaba nada de nada. Al poco tiempo de nacer murió su padre en un accidente y las cosas se complicaron. Buscando un futuro mejor la madre  toma la decisión de dejar el pueblo y trasladarse a una ciudad más grande, y así en 1928 llegan cargados de ilusiones a Arequipa, una ciudad pujante que en ese momento ofrecía muchas oportunidades. 

 

Desafortunadamente al poco tiempo la madre enferma y fallece, Everardo queda de pronto huérfano, y pasa a vivir con una tía, que lo recibe con cariño y trata que el niño tenga una vida lo más normal posible. Everardo con cuatro años ingresa a una escuela fundada por hermanos de la congregación La Salle. Fue un alumno destacado, muy querido por los profesores que veían en él a un pequeño maestro, ya que siempre estaba ayudando y explicando a otros compañeros lo que no habían entendido. 

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Era claro que Everardo tenía una marcada vocación hacia la docencia, sueño que hizo realidad al iniciar la carrera de educación en el Instituto Superior San Juan Bautista de Arequipa, -también de los hermanos de la Salle-, donde se graduó como profesor de primaria. Lo siguiente pues era conseguir trabajo, pero pero pasó algo que cambió su vida para siempre. En 1947 el Presidente del Perú era Jose Luís Bustamante y Rivero (1894-1989) que gobernó desde 1945 hasta 1948 y que tuvo como gran objetivo sacar del analfabetismo a los peruanos, (72% de los peruanos no sabía leer ni escribir en esa época), y la manera de lograrlo pues era fundando 1000 escuelas en cada uno de los años de su gobierno y para ello se requería un ejército de maestros con la capacidad de liderarlas. 

 

Everardo de solo 21 años y recién egresado fue seleccionado para liderar una de esas miles de nuevas escuelas y así se convirtió en el flamante Director y a la vez maestro de primaria de una escuelita pública, concretamente la Número 9638 ubicada en Punta Bombón en Mollendo y es allí donde empieza a gestarse en la idea de Coquito.

 

El objetivo de abrir tantas escuelas al mismo tiempo era permitir que todos los niños del Perú pudieran acceder a educación elemental gratuita, pero esto no era suficiente, había que asegurarse que aprendieran a leer y Everardo estaba convencido que el método empleado hasta ese momento no era el mejor. Fue el mismo método que él utilizó y que consistía básicamente en aprender de memoria las letras del alfabeto y repetirlas como autómata, sin entender los matices y la manera como se construyen las palabras. Era la época de “la letra con sangre entra” y así había funcionado por siglos ¿para qué cambiarlo? 

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Everardo estaba seguro que tenía que haber otro sistema, uno más amigable y menos rígido, y así mientras dirigía la pequeña escuela de día, por las noches se sentaba en su escritorio para intentar diseñar un método alternativo que le permitiera a los niños aprender a leer, pero principalmente a entender lo que estaban leyendo. Una tarde mientras observaba a los niños jugar, se dio cuenta de la manera natural con que los niños entiende los juegos y sus reglas y así concluyó que la única forma en que se podía aprender a leer era “como jugando”

 

El método que Everardo diseñó iba de lo fácil a lo más complejo, empezaba con las vocales, luego las sílabas y luego las palabras, pero en todos los casos y como si se tratara de un juego, se partía siempre de una imagen, por ejemplo la palabra “sopa”, a través del dibujo de un plato con sopa se dejaba clara la palabra y se descomponía en sílabas con las que los niños podían intentar formar otras palabras, tal cual en un juego.  Ya tenía el método, lo siguiente era diseñar el libro y así consiguió a dos dibujantes que con paciencia y buen humor fueron graficando todo un mundo de letras, sílabas y palabras. 

 

Inicialmente Everardo no bautizó al libro con el nombre que hoy lo conocemos, le puso “Amanecer” y así con el libro listo, salió a la búsqueda de un editor, pero como se podrán imaginar fueron muchas las puertas que jamás se abrieron, muchos decían que un modesto profesor de escuela primaria no tenía las capacidades para diseñar un libro para enseñar a leer, y otros que eso era cuestión de académicos y lingüistas, pero Everardo le tenía fe a su sistema, ya que estaba concebido de acuerdo a la manera como procesan la información los niños. 

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Una pequeña editorial de Arequipa creyó en el proyecto y decidió imprimirlo, pero lo primero fue cambiar el nombre. "Amanecer" era muy poco comercial, se necesitaba un nombre más pegajoso, más sencillo y de fácil recordación. Everardo regresó a casa con la tarea de conseguir un nombre y pensando y pensando se quedó dormido, esa noche soñó que tenía un hijo de nombre Coquito -por esa época era soltero- pero igual se vio en sueños como todo un padre de familia, cargando a su hijo. 

 

El sueño fue  como una señal, una especie de premonición y muy temprano al día siguiente llegó a la editorial, que estuvo de acuerdo en bautizar el libro como Coquito. Se imprimeron 5000 ejemplares que se vendieron en las escuelas de Arequipa como pan caliente, pero la idea era vender más y para ello se enviaron muestras a las principales ciudades del sur del Perú, pronto los pedidos empezaron a llegar de Cusco, Puno, y Huancavelica

 

Coquito recién llegó a Lima a inicios de la década de los sesenta, cuando ya era todo un éxito en el interior del país y como es de suponer las escuelas de la capital lo recibieron con los brazos abiertos por los evidentes y rápidos resultados que tenía el sistema en el proceso de aprender a leer. Para 1970 ya se imprimían 200,000 ejemplares al año, una cantidad impresionante para un texto educativo. 

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Pero como siempre sucede en estas historias no todo fue “miel sobre hojuelas” y durante el gobierno militar del General Juan Velasco Alvarado (1910-1977), Coquito y su sistema de lectura fue cuestionado y rápidamente reemplazado por un libro de carácter obligatorio en todas las escuelas del Perú llamado "Amigo", con el que se enseñaba a leer pero también para comunicar de manera encubierta la ideología nacionalista del gobierno. Coquito vio como sus tirajes disminuyeron radicalmente, pero no desapareció y se siguió imprimiendo. En algunas escuelas se siguió utilizando un poco a escondidas.

 

Al término del gobierno militar y con la libertad restaurada para decidir que textos educativos escoger Coquito volvió a la carga, y vivió durante finales de los setenta y ochenta su mejor época, llegándose a imprimir anualmente más de un millón de ejemplares para satisfacer la demanda del Perú pero también de otros 12 países de Latinoamérica que lo tenían como el sistema preeferido para aprender a leer.

 

A inicios de los noventa y con el gobierno de Alberto Fujimori-1938, Coquito recibió una estocada casi mortal, fue sacado abruptamente de las listas de libros de los colegios para favorecer textos de con sistemas inspirados en el sistema de aprendizaje de lectura anglosajón o francés, y que eran producidos por grandes editoriales, que señalaban que el aprendizaje por sílabas estaba desfasado y era mejor aprender a leer el texto completo. A este respecto Everardo señaló en una entrevista realizada hace algunos años: “resulta absurdo enseñar a leer con métodos importados siendo el castellano, un idioma que se lee como suena, pero a veces fuerzas de otra naturaleza tiran por la borda lo más evidente”.

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Han pasado más de 30 años de la reforma educativa del gobierno de Fujimori, pero Coquito logró adaptarse a las nuevas reglas de juego y convivir con textos elaborados por Santillana o Corefo, y hoy es una pujante editorial especializada en textos no solo para aprender a leer sino libros para aprender a escribir, dibujar y que ayudan a estimular la comprensión lectora, juegos y cuentos. Coquito no es un texto de carácter obligatorio, pero muchas escuelas lo prefieren y recomiendan.  

 

¿Y que pasó con Everardo? Pues dedicó toda una vida a la enseñanza y su trabajo fue reconocido en el 2004 al recibir las Palmas Magisteriales en el Grado de Amauta, el máximo honor al que puede aspirar un maestro en el Perú, pero a Everardo poco le importan los galardones y homenajes su máximo orgullo es haber ayudado a millones de niños a aprender a leer. La próxima vez que vea un libro Coquito recuerde a Everardo...maestros como él ya no existen.  

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