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Para entender a Purificación García

La diseñadora española creadora de una marca que hoy brilla en las principales capitales del mundo, señala que el éxito no es una cuestión de suerte pero si de mucho pero mucho esfuerzo.

22 de enero 2020

La historia de Purificación García (1952) bien podría ser la historia de la moda española reciente. Nació en Galicia en el seno de una familia humilde. Al poco, sus padres se trasladaron a Uruguay en busca de unas oportunidades que no existían en la España franquista. Allí pasó su infancia y su adolescencia, frente al mar. Conoció a un chico, se enamoraron, se casaron y se mudaron a Canadá, donde Purificación realizó un máster en Ingeniería Textil, con un negocio de pieles bajo el brazo. La vida, o sus propias voluntades, los condujo hasta Nueva York, después hasta las Islas Baleares y, finalmente, a Barcelona.


Casi completamente autodidacta, mientras estaba en las islas empezó a hacer sus pininos con el diseño de prendas, no sin cierto éxito. Personalizaba bolsos y otros complementos de manera artesanal. Llegó a Barcelona y decidió probar suerte con su propia marca. En un país que se desperezaba del verde militar y la uniformidad, el diseño y las iniciativas industriales fueron acogidas con los brazos abiertos. Presentó sus colecciones en Cibeles, Tokio y Milán y llegó a abrir tienda propia en Amberes, de cuya famosa Academia –en la que se formaron Dries van Noten o Margiela – llegó a formar parte.

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Y entonces llegó la gran oportunidad, se bajó de las pasarelas para encaramarse a lo más alto de la industria. Los hermanos Domínguez se acababan de separar. Adolfo se había quedado con el nombre y con una parte de la empresa y les había dado su porción del pastel correspondiente a cada uno de sus hermanos. Los tres juntos crearon STL, una empresa nueva que necesitaba un nombre que sirviera de gancho empresarial. Se lo propusieron entonces a Purificación García y ella aceptó.

Aquello supuso el comienzo de una aventura empresarial que ha convertido al grupo –en gran medida gracias a Purificación García–, en la segunda empresa textil gallega, solamente por detrás de Inditex. “Muchos diseñadores se han quedado por el camino porque no han sabido trabajar con la industria. Quizás es un problema de ego. Tienes que dejarlo a un lado. Cuando firmas con un grupo debes saber muy bien qué te vas a encontrar y asegurarte de que la balanza esté equilibrada: pierdes una cierta libertad de acción, pero ganas en expansión, en capacidad de llegar a la gente, en difusión... Yo al final lo he llegado a entender, pero me ha costado”, puntualizaba ella.

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Empresaria de éxito, divorciada y madre de dos hijos, Purificación se define como una mujer: Meticulosa, tozuda y exigente, pero también muy de mi familia, muy mamá;  y muy pero muy cariñosa y sentimental, aunque no lo parezca”. Fan declarada de Yamamoto y alérgica a la tecnología es, ante todo, una gran filántropa que ha colaborado con artistas como Juan Gatti o Alicia Framis

Abandera de los buenos básicos sus "grandes éxitos" hay camisas blancas, pantalones neutos y el bolso Origami.  Basado en la famosa técnica japonesa y que la diseñadora gallega describía como “versátil, muy práctico y de buenísima calidad”.

En 2017 es galadornada con el Premio Nacional de Moda. A la ceremonia de entrega asiste la Reina Letizia.

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