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Por: Redacción Avenida Retail

Martes  31  de octubre del 2017

Por: Redacción Avenida Retail

Hubiéramos querido tocar hoy un tema más serio, pero aprovechando el Halloween no pudimos resistirnos a la tentación de hablar de La Casa Matusita, la tienda embrujada más famosa del Perú.

Para muchos quizás los más jóvenes el nombre no signifique nada, pero para los más mayorcitos la Casa Matusita trae a la mente historias de fantamas y ruidos extraños en la noche.

Empezaremos hablando del nombre. A la esquina de las calles Wilson y España se le conoce como la Casa Matusita debido al negocio fundado en 1955 por Emilio Hideo Matsushita que operaba en la primera planta  dedicado a la venta de artículos eléctricos y luminarias. La tienda cerró en el 2005 porque el negocio desafortunadamente ya no daba para más, pero dejó en el recuerdo una gran variedad de historias; todas para poner los pelos de punta.

 

La primera habla de una mujer extranjera llamada Parvaneh Dervaspa, que vivía en la casa; una supuesta bruja descendiente directa del imperio persa la cual había heredado el poder mágico de sus ancestros. Muchos de sus vecinos quedaban anonadados de como ella podía curar enfermedades que la ciencia no podía y demás cosas extrañas en la Lima del Siglo XVIII.

Los rumores de Parvaneh, llegaron a oídos de la Santa Inquisición, que desde el 15 de noviembre de 1573 ya realizaba quemas de brujas en actos públicos (autos de fe) en la Plaza Mayor de Lima. No tardó mucho en que Paravaneh fuera acusada de brujería siendo aprendida y sometida a torturas y martirios por parte de los inquisidores llegando al final a confesar que su poder provenía del infierno, por lo cual fue condenada a la hoguera. La historia cuenta que Parvaneh, en plena hoguera, lanzó una maldición que recayó sobre la casa donde vivía; esto sucedió en octubre de 1754.

 

Sin embargo, según el libro Historia del tribunal de la Santa Inquisición de Lima: 1569-1820. Tomo II, Capitulo XXIV, la última mujer en ser condenada a la hoguera fue "María Francisca Ana de Castro, alias la madama Castro, natural de Toledo, vecina de Lima, de cincuenta años", en el año de 1736 y después no hay datos de ninguna mujer que haya sido quemada en la hoguera por herejía o brujería.

 

Otra de las leyendas dice que la casa fue abandonada y a finales del Siglo XIX fue adquirida y reconstruida por un inmigrante asiático muy perverso que maltrataba a sus sirvientes. Un buen día este malvado personaje decide realizar una fiesta en la casa. Los sirvientes que lo odiaban aprovechan la fiesta para vengarse del patrón y no ven mejor solución que poner en la comida y en la bebida un poderoso alucinógeno que ocasionó serios transtornos mentales a todos los asistentes a la fiesta. Los empleados se asustaron de lo realizado y se escondieron en la cocina a esperar que los efectos de la droga pasaran; pero al salir se encontraron con una escena inimaginable; cuerpos mutilados, intestinos regados por toda la sala, paredes teñidas de sangre. Los empleados no soportaron lo que vieron y perdieron la razón terminando sus días en el manicomio de la capital.

 

La tercera historia nos habla de un hombre de origen japonés que alrededor de 1873 compra la casa donde vivía con su esposa y sus  hijos. Nada podía imaginar el triste final de esta familia. Lo cierto es que un día después de trabajar el dueño de casa encontró a su esposa con otro en la cama. La furia fue incontrolable y asesinó de manera salvaje a su esposa y al amante. Desquiciado esperó la llegada de sus hijos para también matarlos, finalmente tomó la decisión de practicarse el ‘Harakiri’ o suicidio japonés, terminando así con su vida; pero de esta versión no hay registros policíacos de ningún tipo.

 

De lo único que hay datos fidedignos es que en 1925 la casa fue comprada por la familia Andrade Fernández. La revista Etiqueta Negra en su Edición 73 entrevistó a una de las descendientes de esta familia la Sra. Lidia Andrade Fernández viuda de Thierry, quien declaró que no tenía ningún recuerdo desagradable mientras vivió en la casa y que la única persona que falleció en ella fue su padre una persona muy querida por todos.

 

Pero como suele ocurrir la leyenda primó sobre la realidad y se creo esta idea de casa embrujada; al punto que a inicios de la década de los setenta el conocido animador de televisión Humberto Vílchez Vera ofreció pasar a solas siete días en el segundo piso de la casa con una cámara para filmar lo que ahí ocurría. Al cuarto día (algunos sostienen que el mismo día) el animador salió despavorido totalmente fuera de control y con espuma en la boca.

 

Luego de su visita a la Casa Matusita, Vílchez Vera permaneció 13 meses en un manicomio recuperándose de los efectos de lo que vio en este lugar. Lo cierto es que después de esta visita Vílchez Vera perdió vigencia en la televisión. ¿Extraño no?

 

Luego el animador reaparece  a inicios de la década de los noventa al presentar un libro llamado “El Cazador de Fantasmas” donde señalaba que todo lo de su incursión a la Casa Matusita había sido un invento y que nunca había estado ahí; pero que había creado la historia para divertir a su público.

 

Otra de las teorías señalan que todas estas historias de fantasmas y espíritus de ultratumba realmente fueron inventadas; nada más y nada menos que por el Gobierno Norteamericano que al tener la embajada al frente decidió crear esta leyenda para evitar cualquier intento de espionaje.

 

Más allá de lo que realmente haya sucedido en este lugar; la Casa Matusita ha sido de lejos la Casa Embrujada más famosa del Perú. Hoy ya remodelada tiene en el primer piso una sucursal del Banco Mi Banco; pero el segundo piso continúa con las ventanas cerradas las cuales no se abren nunca. ¿Se animaría a entrar?

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