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Martes  4  de julio del 2017

Por: Christian Aparco

Lo que parecía literalmente imposible se volvió real. Hace diez años nadie pudiera haber imaginado que en las calles del centro histórico de La Habana en Cuba se pudieran ver los logos de Mont Blanc o de Lacoste. Pero hoy esas marcas y otras más exhiben sus exclusivos productos en el primer Centro Comercial de La Habana. Así como lo escuchan; la ciudad último reducto de un mundo que hoy ya casi no existe, finalmente le abrió las puertas al retail mundial y decidió doblegarse frente a la presión del consumo global.

 

El Centro Comercial está ubicado en un edificio construido a inicios del siglo pasado conocido como Manzana Gómez donde funcionó el primer complejo comercial de la ciudad mucho antes de Fidel y su Revolución. Hoy el edificio se ha remodelado y se ha convertido en un proyecto de Uso Mixto donde conviven el  Centro Comercial y el Hotel 5 Estrellas Manzana Kempinski, que pertenece a la cadena suiza del mismo nombre.

Desde su apertura hace unos meses el Centro Comercial se ha convertido en el nuevo “lugar” de la ciudad, que recibe diariamente a una población que básicamente lo que hace es mirar maravillada vitrinas con productos que nunca podrán comprar, porque en Cuba el salario promedio mensual es de $25 al mes y un reloj Bulgari en este Centro Comercial se vende a  $10,000, un lapicero Mont Blanc a $1,000 y una crema en

L´Occitane a $120. Esto resulta absurdamente inverosímil, al punto que son muchos los que han criticado la iniciativa de las Fuerzas Armadas, que fueron las encargadas de darle a la cadena Suiza las facilidades para desarrollar el proyecto.

 

Mientras tanto adolescentes y jóvenes adultos utilizan el Centro Comercial como el lugar perfecto para la foto que publicarán en Facebook, teniendo como fondo las brillantes vitrinas de marcas que ni en sus más psicodélicos sueños pudieran haber imaginado llegarían a a la ciudad. En las fotos no falta el gesto con la V de Victoria o la pose coqueta frente a la vitrina de lujo.

 

Manzana de Gómez tiene cinco pisos y está cerca del Prado, el boulevard arbolado que divide el corazón del sector colonial de la ciudad. La verdad no puede tener mejor ubicación, pero toda esta modernidad contrasta con lo deteriorado de la ciudad, donde edificios de departamentos se caen a pedazos y las calles lucen descuidadas y sucias. Pero ni modo la apertura al mundo en Cuba debe comenzar en algún punto y a veces de manera extraña. 

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